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La participación pública en proyectos y desarrollos en ciudades y asentamientos suele ser observada como una dificultad y no como una ocasión. Pero tiene que trabajar para conseguir consensos entre áreas contrapuestas.

La planificación tradicional se jactaba de ser investigadora, racional y predecible. Sus descendientes, entre otras, la planificación estratégica y el ecourbanismo, también intentan ser investigadores, pero saben que su predictibilidad depende de su capacidad para conseguir consensos. La vocación democrática de los ejercicios de participación pública, para ser legítima, tiene que representar a todos los sectores de la sociedad, especialmente aquellos más vulnerables. Pese a sus avances, la participación continúa siendo el talón de Aquiles del urbanismo: técnicos y vecinos continúan percibiéndola más como una dificultad que como una ocasión.

Quienes le temen al urbanismo participativo, por distintas causas, son: los gobiernos locales, por la posibilidad de perder el control; los inversores inmobiliarios, siempre más proclives a determinaciones rápidas y rentables; y los vecinos, quienes normalmente recelan cualquier cambio en sus medios directos, aún cuando se les asegure que los favorecerá. Ante tales miedos aparecen alternativas probables para planear conciliando intereses lógicamente contrapuestos. Un primer caso se relaciona con procedimientos embalados en programas y proyectos urbanos que escamotean información clave y solo involucran a vecinos en cuestiones menores. Cuando se la convoca, paradójicamente, la gente no participa y sí participa fervientemente para oponerse a determinaciones a las que se invita a ella no a opinar. Una segundo caso plantea procedimientos participativos extensos, que involucran a áreas de especialistas y vecinos que difícilmente puedan ponerse de acuerdo por diferencias de encuadres y, aún cuando lo hicieran, tampoco son tenidas en cuenta para sustentar estrategias concretas. Y un tercer caso, tristemente poco habitual, menciona a procedimientos que idean a la participación pública como medio de generación de información e indicadores clave de diagnósticos como fundamento para desarrollar y consensuar propuestas superadoras.

Estas pujas y antagonismos, muchas veces más personales y partidarias que técnicas, se resuelven solamente con formas adecuadas de participación. La autoconvocatoria a participar, lejos de ser una amenaza al procedimiento de planificación, es una ocasión de fortalecimiento y legitimidad del mismo. Pero para transitar exitosamente ese camino es necesario contar con instrumentos adecuados. Arnstein sostiene que las distintas formas de participación puedencomprenderrse como una escalera cuyosescaloness inferioresmencionann a prácticas demanejon y terapia; los peldaños tercero, cuarto y quinto aluden a información, consulta y aplacamiento. Es recién a partir del sexto peldaño que la participación insta a la sociedad entre autoridades y vecinos. El séptimo personifica la delegación del poder en distintas escalas. El octavo peldaño es el control ciudadano.

En los últimos días ha trascendido la creación de la “agencia de bienes”, con capacidad para vender y transferir edificios como el predio del Tiro Federal, casi sin discusión pública. Ante este plan, el reclamo de vecinos bajo la consigna “Buenos Aires no se vende” era previsible.

Buenos Aires, denominada oficialmente Ciudad de Buenos Aires o Ciudad Autónoma de Buenos Aires es la capital de la República Argentina y el principal núcleo urbano de la nación.

La uso de la revisión participativa del código de ordenamiento urbano en relación a asentamientos en las ciudades de Luján, Escobar y Salta ha puesto en evidencia el potencial de la gente para mejorar y autorregular sus asentamientos, si se los respalda desde el estado y la sociedad civil. Ante la ausencia de políticas concretas coincidentes con las prioridades de los vecinos, aparecieron procedimientos asociativos para resolver cuestiones de tenencia de piso y normativa urbanística, realizando infraestructura, equipamientos y viviendas que han involucrado ala área privada y la autoorganización comunitaria. Sorprendentemente, la participación ha devenido en nuevos modos de representación, en la medida en que el necesario marco normativo ha dado certeza a los distintos actores sociales. La experiencia en curso en la Comuna de Yala, Sector de expansión de San Salvador de Jujuy, estimula procedimientos virtuosos de unión entre áreas diferentes.

Los distintos procedimientos participativos de planificación urbana estimulan nuevas y mejores ideas. La no predictibilidad del urbanismo participativo es un desafío a asumir para aquellos gobiernos locales que comprenden su negociación como una ocasión para la co-creación. Aunque nos continúan atrayendo por sus formas rimbombantes, las ciudades erigidas por reyes y emperadores no sirven ya para satisfacer las múltiples y complejas necesidades de sociedades basadas en la igualdad de derechos. La tentación de planear desde la comodidad y seguridad de los escritorios, implica perder la ocasión de comprender y trabajar con intereses contrapuestos. Aunque humildes y limitados, los resultados presentados de distintos procedimientos participativos, al manifestar injusticias, estimulan acuerdos basados en el conocimiento recíproco del pensamiento de áreas sociales distintas, generando empatías, muchas veces insospechadas.

Ante las crecientes amenazas creadas por el cambio climático y el movimiento forzado de personas, la participación, más que una moda, es un derecho de las comunidades para dejar de ser convidadas de roca en la discusión de sus dificultades, y pasar a ser actores clave en la planificación de su supervivencia y desarrollo sustentable.

Tyler lidera un equipo de investigación en la UCL, donde cuenta con un laboratorio único en el mundo consagrado a estudiar cómo los espacios afectan a las personas . Además de ingenieros, arquitectos y planificadores, trabaja con psicólogos, antropólogos y neurólogos. En su visión, es fundamental que los profesionales que se encargan de planear y construir la infraestructura tengan también una formación que sobrepase los aspectos técnicos.Dentro de la University College de Londres, Tyler es el encargado de un laboratorio de accesibilidad único en el mundo. Conocido por sus siglas enbritánicos como Pamela , consta de una plataforma donde se recrean diversas situaciones urbanas para estudiar cómo las personas se relacionan con mediorno.

* Arquitecto y doctor en Urbanismo